Se apagan las luces. Aplausos, gritos, emoción.Y suena la música, un acorde de guitarra, y otro, y empieza la bateria. La emoción crece por momentos. Cierro los ojos, y me dejo llevar. La gente me rodea cantando, saltando, gritando, levantando las manos, pidiendo más.
¡Canta más fuerte, GRITA más fuerte!
Risas, gritos, sonrisas, empujones, saltos, aplausos, más gritos...
La adrenalina recorre mi cuerpo. Me duelen las piernas, la espalda, los pies, TODO, pero no importa. Sigo la corriente, sigo saltando.
Termina una canción y un estallido de gritos y aplausos recorre el lugar. Durante el minuto que transcurre entre el fin de un tema y el comienzo de otro, todos cruzan los dedos para que el proximo sea el que les hace estremecer y vibrar.
Empieza una guitarra. Un solo acorde. Nada más reconocer la canción, surge otro estallido de gritos.
Me vuelvo a dejar llevar por la corriente, y para cuando me doy cuenta, estoy saltando, con las manos en alto, y cantado, gritando.
Un escenario de luces, un escenario de música, y un público que lo da todo.

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